Timothy Leary

LOS 8 CIRCUITOS CEREBRALES DE TIMOTHY LEARY (III) – EL SAMURAI OCCIDENTAL

 

En artículos anteriores examinamos el modelo de 8 circuitos cerebrales de Timothy Leary, y los principios más característicos de cada uno de los circuitos. En esta última parte, propondré mis conclusiones y las aplicaciones prácticas que en mi opinión se pueden extraer del sistema.

 

Las 3 principales conclusiones prácticas de este modelo son:

1.-  EL CRECIMIENTO SE HAYA NECESARIAMENTE EN LOS MUNDOS INTERIORES

 

Esta es la principal conclusión que se puede extraer del modelo. Los cuatro circuitos inferiores nos han permitido jerarquizar y estructurar el mundo (con un alto coste), analizarlo y establecer leyes y principios morales con los que guiar la sociedad. La utilidad de estos cuatro circuitos está fuera de toda duda. Pero esto no es suficiente. Los seres humanos solamente podremos progresar y alcanzar una visión más clara y global de nosotros mismos si trabajamos sobre nuestra conciencia de la realidad, sobre nuestra percepción y sobre nuestras propias estructuras mentales.

Timothy Leary

Crecimiento interior y sinapsis cerebrales

 

Los cuatro circuitos inferiores se basan en la capacidad analítica y estructuradora del hemisferio izquierdo. Para desarrollar nuestro pleno potencial, hemos de dominar también el hemisferio derecho, y liberar su capacidad creativa.

Podemos llamar al acceso  a los cuatro circuitos superiores de muchas formas: contacto con planos superiores o divinos, liberación del conocimiento intuitivo, acceso al inconsciente colectivo, etc… No obstante, todas estas diferentes denominaciones hacen referencia a una misma realidad; la liberación de las plenas facultades de la conciencia y pensamiento humano.

2.- UN PROBLEMA ESPECÍFICO – UN CIRCUITO CEREBRAL ESPECÍFICO

La educación institucional nos aporta una visión de la psique humana demasiado simplista y esquemática, reduciendo la personalidad de cada individuo a una serie de etiquetas, tipo “es un chico muy frío” o “esta niña vive en una utopía”.

Sin embargo, el modelo de 8 circuitos nos muestra que la realidad es mucho más compleja, y que los individuos tenemos la potencialidad para desarrollarnos mucho más allá de unas simples etiquetas.

Es más, la vida nos propone constantemente nuevos problemas y desafíos que superar, y la mente dispone de varios circuitos o túneles-realidad con los que afrontar estos problemas.

Así, si nos encontramos ante un problema característico del tercer circuito, por ejemplo la posibilidad de una inversión financiera, deberemos analizar y resolver el problema con los recursos que nos aporta el tercer circuito: análisis, estructuración de la información, desarrollo de estrategias.

El problema por supuesto, surge cuando alguien intenta aplicar soluciones a un problema específico con el circuito equivocado. Volviendo al ejemplo de la inversión financiera, imaginemos a una persona demasiado asentada en el segundo circuito (emocional-territorial). La persona estará demasiado deseosa de lograr riqueza, de alcanzar estatus, lo cual nublará el juicio del tercer circuito y le hará equivocarse y tomar la decisión equivocada.

3.- EQUILIBRIO ENTRE TODOS LOS CIRCUITOS

Equilibrio

Equilibrio

 

Esta conclusión se puede extraer directamente de la anterior. Todos tenemos un circuito y túnel-realidad prioritario. Al fin y al cabo, nuestro cerebro  necesita también trabajar en piloto automático. No obstante, la medida en la que tengamos también activados y presentes el resto de circuitos determinará nuestra visión global de las cosas.

La racionalidad del tercer circuito nos ha permitido el desarrollo tecnológico y el alargamiento de la esperanza de vida. El problema es que este circuito es muy fácilmente manipulable, sobre todos por los dos primeros circuitos. Las emociones y el deseo de supervivencia pueden influenciar los juicios del tercer circuito, y “disfrazar” de racionalizaciones lo que son decisiones tomadas de antemano.

Prácticamente cualquier concepto e ideología, incluso las más aberrantes (como el nazismo o la guerra preventiva, por ejemplo) son susceptibles de un proceso de racionalización. Basta con seleccionar información sesgada y parcial, y darle una estructura mínima para hacerla pasar por un razonamiento correcto.

Lo mismo pasa con el cuarto circuito. Es muy bueno tener una base moral y ética. El problema es cuando esta base es demasiado fuerte y se dejan de lado los principios del primer, segundo y tercer circuito. En este caso la moral no tiene una base racional, y entraríamos en el terreno de la utopía.

Igualmente ocurre con los circuitos superiores e inferiores. La percepción de los cuatro circuitos inferiores es demasiado horizontal, demasiado afincada en lo material. Se necesita una visión más vertical, global y porque no, espiritual, para alcanzar el pleno desarrollo.

Esto igualmente se aplica en el caso contrario. Un posicionamiento excesivo en los circuitos superiores nos hará perder pie y perdernos en las nubes. También hay que tener los pies en el suelo.

Los pájaros aprenden a volar, pero nunca se olvidan de caminar.

Recomiendo a todo aquel interesado en este tema que se lea el libro “Prometeo Ascendiendo” del escritor americano Robert Anton Wilson. En esta obra, el autor analiza en detalle los ocho circuitos y propone una serie de interesantes ejercicios para desarrollarlos. Propone pasar una semana experimentando el pensamiento de un circuito concreto, por ejemplo analizando la realidad como un matemático (tercer circuito), para acto seguido experimentar con el pensamiento de otro circuito, por ejemplo apuntándose a una ONG y actuando como un individuo del cuarto circuito.

Las conclusiones de estos ejercicios son muy interesantes. Lo que el observador observa, el demostrador posteriormente lo demuestra. Una vez que hemos accedido a un circuito específico y vemos a través de su túnel-realidad, encontraremos en seguida estímulos y señales que reforzarán y nos limitarán a la perspectiva de este único circuito.

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