El Efecto Péndulo

EL EFECTO PÉNDULO

 

Porque defender una opinión de manera radical se volverá siempre e irremediablemente en nuestra contra

El lector habitual de este blog se habrá dado cuenta que un tema recurrente en mis artículos es el como formamos nuestra propias creencias y opiniones, y como las defendemos cuando se encuentran enfrentadas a opiniones distintas y contrapuestas. He hablado sobre estos temas ya en mi artículo sobre el sesgo de confirmación, así como en este artículo en el que mencioné lo que yo llamo el principio de complejidad por capas.

Es un tema que me apasiona y que considero muy importante pues, al fin y al cabo:

¿Que son nuestras opiniones e ideas  sino el tamiz a partir del cual observamos el mundo? ¿Existe algo que pueda decir más de nosotros mismos que nuestro propio sistema de creencias?

En definitiva, defiendo que nuestras ideas y opiniones son la manifestación más profunda de nuestra personalidad y por ello considero tan importante estudiar cuales son y sobre todo como se forman.

Con esto dicho, hay un fenómeno que llevo observando desde hace mucho tiempo, relacionado con las opiniones a menudo extremas que tenemos con respecto a algo. No me había animado a escribir sobre ello hasta ahora. Ignoro si alguien ha escrito sobre esto con anterioridad así que, a falta de un nombre que darle, he decidido darle uno propio y lo he llamado El Efecto Péndulo.

Primero, un poco de historia personal.

UN MUNDO EN LLAMAS

apocalipsis photo

 

Cuando tenía 14 años acudí a una charla que dió un miembro de Greenpeace en mi colegio. El activista ambiental nos habló sobre los temas habituales que se tratan en este tipo de charlas: calentamiento global, capa de ozono, reservas de petróleo, etc... Recuerdo que esta charla me impactó mucho, principalmente por el futuro tan apocalíptico que nos mostró este hombre. Nos ilustró que en unos pocos años la capa de ozono estaría completamente destruida, las reservas de petróleo estarían ya agotadas y los polos ya se habrían derretido inundando todas las ciudades costeras de la tierra. En mi imaginación me vi en un futuro apocalíptico como el dibujado en las películas de Hollywood. Recuerdo que pensé: “bueno, al menos he podido disfrutar de una infancia más o menos aceptable”.

Han pasado más de 20 años desde aquella charla. Que yo sepa los polos todavía no se han derretido y la capa de ozono sigue ahí. El petróleo no solo se ha agotado sino que su precio no para de bajar, debido a la bajada continua de la demanda (tecnología más avanzada) y al descubrimiento constante de nuevos pozos que explotar. No digo con esto que no existan problemas medioambientales que tenemos que intentar solucionar, por supuesto que existen y es importante concienciar sobre ello, pero desde luego el futuro no se parece en nada al descrito por el activista de Greenpeace.

El problema  no fue lo “que” hizo sino “como” lo hizo, pues tomó una perspectiva demasiado extrema sobre los problemas medioambientales existentes. Como resultado, a partir de entonces cada vez que escucho hablar a algún escologista levanto una ceja y me pregunto si estaré de nuevo ante un activista excesivamente sesgado. Es decir, sospecho. El activista al que escuché de niño tan sólo intentaba concienciar sobre la importancia del medioambiente, pero su extremismo tan sólo consiguió que dudásemos del discurso ecologista a partir de entonces.

EL EFECTO PÉNDULO

El Efecto Péndulo

Lo que he descrito arriba es en realidad una situación habitual en el día a día. Una posición demasiado  extrema no crea los efectos deseados. El problema es que una opinión excesivamente sesgada acaba siendo desproporcionada y cayendo en el ridícull, que acaba creando el efecto contrario de lo que pretendía conseguir: en vez de llamar la atención sobre el tema que se está debatiendo, crea un efecto péndulo que ridiculiza y destruye el tema a debatir.

Por tanto, podríamos definir el efecto péndulo como el principio por el cual la eficacia de una idea estaría directamente relacionada con la agresividad y extremismo con el que esta idea es defendida.

Si la opinión es formulada de manera extrema, entendiendo el problema en blanco o negro, la opinión perderá fuerza y se volverá contra su propio emisor. Por el contrario, si la idea es formulada con racionalidad y mesura, entendiendo el rango de grises del problema, la idea calará y será eficaz.

El efecto péndulo es interesante porque es paradójico y contraintuitivo. Básicamente lo que quiere decir es que cuanto más fuerte y agresivamente defendamos una opinión, menos fuerza tendrá. Para conseguir más, simplemente tenemos que hacer menos. Por eso es tan interesante.

Voy a formular otro ejemplo sencillo para hacer entender la naturaleza del ejemplo péndulo, esta vez ambientado en el mundo del fútbol.

EL FUTBOLISTA INMORTAL

 

Adoración irracional

Raúl González Blanco fue un futbolista que militó en el Real Madrid. No voy a emitir mi opinión futbolística ya que creo que sus propios números hablan perfectamente sobre él. Empezó a jugar muy joven en el Real Madrid, con 17 años, siendo titular en casi todos los partidos. El caso es que aproximadamente a partir de los 27 años, sus números empezaron poco a poco a decaer. Ya no marcaba tantos goles, ya no tenía tanta velocidad de piernas y llegaba medio segundo más tarde a los balones a los que antes llegaba holgadamente. No quiere decir esto que desde entonces fuese un jugador inútil, sino que simplemente ya no era el jugador que era antes.

Paralelamente a este lento declive, se formó un grupo entre la prensa y los aficionados del equipo que podríamos llamar los “raulistas”. Este grupo negaba categóricamente cualquier declive o bajada de rendimiento de este futbolista. Afirmaban que el desempeño del futbolista era siempre perfecto, incuestionable, y que su rendimiento nunca debía ser puesto en duda. Sencillamente, afirmaban que al jugador no le afectaba el paso del tiempo ni las reglas de la física.

Como respuesta a esta posición “raulista”, y conforme el declive del futbolista se fue haciendo cada vez más evidente, se formó otro grupo al que podemos llamar “antiraulista”. Este grupo adoptó la posición extrema contraria, sacando a relucir cualquier defecto del jugador y considerándolo poco menos que un inútil. La situación dialética se fue extremando cada vez más hasta que el clima se volvió irrespirable y el jugador optó por abandonar el Real Madrid.

Y este ejemplo nos sirve para ilustrar el efecto péndulo. Y es que la posición “raulista”, absolutamente extrema, considerando al jugador un ser divino, incuestionable, perfecto, creó el efecto contrario de lo que buscaba. En vez de convencer a la opinión pública de la todavía valía del jugador, consiguieron ridiculizarlo y extremar la posición contraria. Paradójicamente, los raulistas se convirtieron en los mayores enemigos del propio Raúl.

Al defender una opinión de manera exagerada, sin matices, sólo conseguimos ridiculizarla y hacer más evidentes los defectos de nuestra propia opinión.

Por el contrario, si los “raulistas” hubiesen tomado de principio una posición racional, es decir aceptando el declive del jugador pero afirmando que seguía teniendo muchas cosas que aportar (experiencia, saber competitivo, mayor conocimiento del juego, etc..), asimilando que el jugador podía ser dosificado a partir de entonces y que no tenía porque seguir siendo titular siempre, habrían conseguido un ambiente mucho más amigable para el jugador en sus últimos años.

CONCLUSIÓN

Arriba tan sólo he ilustrado dos ejemplos del efecto péndulo, pero en realidad se están dando constantemente en nuestras vidas. Opiniones exageradas que pierden fuerza en el mismo momento en que salen de la boca de sus dueños. Por tanto, propondría tres principios que deberían ser tenidos en cuenta antes de formular una idea para evitar el temido efecto péndulo.

1.- Pondera tus ideas antes de emitirlas, aceptando la existencia de una escala de grises.

Nada es blanco o negro. No eres dueño de la verdad absoluta. Seguro que hay objeciones razonables que se opongan a tu opinión. Acéptalas e intenta emitir tu idea de la manera más racional posible.

2.- Céntrate en lo importante. No seas pesado. Lucha las guerras que valga la pena luchar.

Últimamente se ha puesto de moda el concepto de “micromachismos”. Se tratarían de pequeños actos de machismo que inundarían nuestra realidad cotidiana. Los defensores de esta idea sostienen que al luchar contra ellos es un avance necesario para solucionar el problema del machismo.

Bueno, en mi opinión es justo lo contrario. Por supuesto que hay aún mucho machismo en nuestra sociedad. Por ello, para superarlo, es necesario concentrar los esfuerzos y luchar contra los actos de machismo importantes que lastran nuestra convivencia. Sin embargo, si luchamos contra cada acto de machismo que se da en el día a día, solo conseguiremos ser considerados unos plastas, unos agonías, no nos tomarán en serio y dejarán de hacer caso a partir de entonces a cada cosa que digamos.

Si queremos reducir el machismo en la sociedad, hay que luchar contra los actos de machismo verdaderamente importantes y trascendentes. Una vez superados estos, los micromachismos desaparecerán por sí solos y sin que nos demos cuenta.

Concentremos esfuerzos en lo importante. O como decía Nietzsche: “no tengo complejo de matamoscas”

3.- Si alguien emite una opinión contraria a la tuya, no te opongas a ella de antemano.

De hecho, si queremos que nuestra propia opinión se imponga, lo más inteligente es hacer ver a nuestro interlocutor que valoramos su opinión, y que en cierto sentido estamos de acuerdo en ella. No obstante, le hacemos ver que nosotros tenemos una opinión que aborda el problema desde otra perspectiva, y que incluso la completa y la profundiza (principio de complejidad por capas).

De esta manera desarmaremos a nuestro interlocutor. Y es que ¿quien se opone a la opinión de alguien que dice que está de acuerdo con nosotros?

Espero que os haya gustado el artículo. Me ha costado un buen rato escribirlo, así que os agradecería si pudierais compartirlo o darle al me gusta en las redes que os detallo más abajo. ¡Muchas gracias!

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